El Comienzo de Todo - Romi Díaz

No recuerdo que día de la semana era… apenas tenía 14 años. Sandra Eleta, por ese año, dirigía un taller de fotografía en el que mis papás me inscribieron luego de mi insistencia (típica en la adolescencia). Yo soñaba con ser fotógrafa.

Salimos como a las ocho de la mañana hacia Portobelo, nuestro auténtico pueblo pirata situado a unos 120 kilómetros de la ciudad de Panamá.

El reto era aprender a hacer retratos a sujetos que ella misma había escogido para nosotros con anticipación; pero no solo era hacer una buena foto… sino capturar la esencia, la transferencia en pleno de intimidades, de historias que se escriben sin usar palabras. Yo estaba feliz. Tardamos dos horas por carretera; hasta llegar a ese lugar mágico, en donde una población en la cual sus habitantes – en su mayoría – son afro descendientes, nos esperaban.

Disparé no más de ciento cincuenta veces mi Pentax K1000 (era una cámara de película y sólo llevaba cinco rollos)… y obtuve mi primer resultado como fotógrafa. No hice mucho por esa población aquella vez. No logré captar sus más profundas emociones ni comuniqué nada relevante, sin embargo, la niña de catorce años que ese día se bajó dispuesta a desafiarse como artista, volvió a su casa distinta.

En mi cabeza, aquella noche, no dejé de repasar cada minuto de ese día… los ojos de los niños, los marcos de las puertas, el cielo un poco nublado, la historia negra que caminaba contoneándose por ahí… aún cierro los ojos y puedo revivir ese momento. Ahí entendí, que solo se hace una buena foto si logras tomarla con el corazón.

Ellos lograron capturar en mi una esencia divina que desconocía… ellos me dieron parte de este gran propósito…

 

Romi Díaz